Palabras al viento
El silencio en uno de esos pueblos en donde los hombres y casi todas las mujeres trabajan es completamente distinto al de una ciudad.
El silencio en uno de esos pueblos en donde los hombres y casi todas las mujeres trabajan es completamente distinto al de una ciudad.
Pensaba en las exquisitas noches estivales, en una lámpara tras las ventanas abiertas de una cabaña , el sonido de los álamos en la oscuridad. No sintió deseos de regresar.
Yo soñaba en clasificar
el Bien y el Mal, como los sabios
clasifican las mariposas:
Yo soñaba en clavar el Bien y el Mal
en el obscuro terciopelo
de una vitrina de cristal...
Debajo de la mariposa
blanca, un letrero que dijera: "EL BIEN".
Debajo de la mariposa
negra, un letrero que dijera: "EL MAL".
Pero la mariposa blanca
no era el bien, ni la mariposa negra
era el mal... ¡Y entre mis dos mariposas,
volaban verdes, áureas, infinitas,
todas las mariposas de la tierra!...
Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
La mañana asomó espléndida, mostró el sol después de días de mal tiempo.
Pandereta de siglos para dormir al hombre
preso en el corazón mudo del universo.
Media manzana de oro para que el niño coma
hasta sentirse eterno.
Árboles, puentes, torres, montes, mares, caminos.
Y todo a la deriva se irá desvaneciendo.
Cuando ellos ya no vivan, en el espacio, libre,
tú seguirás viviendo.
Y cuando nos cansemos (porque hemos de cansarnos).
Y cuando nos vayamos (porque te dejaremos).
Cuando nadie recuerde que un día nos morimos
(porque nos moriremos),
pandereta de siglos para dormir al hombre,
media manzana de oro que mide nuestro tiemo,
cuando ya no sintamos, cuando ya no seamos,
tú seguirás viviendo.
Las montañas se volvieron invisibles a sus ojos.
Suave, silenciosa,
angosta, blanquecina,
una nube se extiende en el azul.
Inclina tu mirada y siente
cómo te lleva con ternura blanca
entre sueños azules.
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Hay que volar con fuerza, desafiando la tormenta y sostener la firme creencia que más allá de la confusión brilla el sol.
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