El ensueño
Tañido de campanas, grosero tañido de campanas: herís mi alma y asustaís en esta hora mis finos pensamientos de amor.
Tañido de campanas, grosero tañido de campanas: herís mi alma y asustaís en esta hora mis finos pensamientos de amor.
Ella pensó que era demasiado exigente para contentarse con los afectos que encontraba alrededor. Salió al balcón, sobre la ciudad, se extendían las estrellas. La noche mostraba tanta dulzura que le palpitó el corazón. Fue entonces cuando tuvo de pronto la revelación de su destino.
El arte significa para quien lo vive una vida enaltecida, sus dichas son más hondas, graban en el rostro de sus servidores las señales de aventuras imaginarias.
Los girasoles se mecían al compás del viento de octubre. Las nubes coronaban las cimas azules de las montañas, las hojas de las copas de los árboles susurraban en la lejanía.
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
tu clemencia, solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay, querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mi su eterno rayo.
Una mañana un avión salió de entre las nubes bajas , tronó encima de la casa y soltó una lluvia de jazmines.
Acariciada por la luna viajó a las montañas con la sensación placentera de encontrar los silencios cómplices.
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Hay que volar con fuerza, desafiando la tormenta y sostener la firme creencia que más allá de la confusión brilla el sol.
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