Palabras al viento
Cuando salían de paseo encontraban toda clase de oportunidades para hacer observaciones sobre la gente con la que se topaban. Disfrutaron.
Cuando salían de paseo encontraban toda clase de oportunidades para hacer observaciones sobre la gente con la que se topaban. Disfrutaron.
Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
Conjuro del saber
que en la inmortalidad del universo
había alguien viendo su vida
infinita, finita
sabia o fantasiosa
vida al fin
un punto en la inmensidad
de ese cielo
cúmulo de cosas
de tierras y vientos
sabía él que en su locura
estaba aprendiendo de ellas
sabía ella que viéndole
sabría comprender su locura inmensurable
del porque no se sabía
del porque se sabía en ella
tan sólo con su plácida mirada
lo cuidaba en su libertad del soñar
del saberse inmortal
aunque mortal era
pero en su saber de él
ella estaba contemplándole para cuidarle
por si acaso su ángel guardián
se olvidaba de él
o se descuidaba de ese su rumbo
para gritarle en su peligro
se cuidara
aunque en su sabiduría ella sabía
que era inmortal.
( Derechos reservados)
En esas palabras había algo de conjuro. Acaso por primera vez sintió que lo descubría y pensó en la causalidad de un encuentro. La magia continuó sin abandonarlos.
La sombra de mi alma
huye por un ocaso de alfabetos,
niebla de libros
y palabras.
¡La sombra de mi alma!
He llegado a la línea donde cesa
la nostalgia,
y la gota de llanto se transforma
alabastro de espíritu.
(¡La sombra de mi alma!)
El copo del dolor
se acaba,
pero queda la razón y la sustancia
de mi viejo mediodía de labios,
de mi viejo mediodía
de miradas.
Un turbio laberinto
de estrellas ahumadas
enreda mi ilusión
casi marchita.
¡La sombra de mi alma!
Y una alucinación
me ordeña las miradas.
Veo la palabra amor
desmoronada.
¡Ruiseñor mío!
¡Ruiseñor!
¿Aún cantas?
Cuando uno sueña, escribe con lo mejor de sí. Todo lo demás desaparece.
Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.
Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.
Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.
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Hay que volar con fuerza, desafiando la tormenta y sostener la firme creencia que más allá de la confusión brilla el sol.
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