sábado, 17 de mayo del 2008 a las 20:55
- Deambular por distintos casinos del mundo significó una gran experiencia para él.
- Un invierno visitó Venecia y se hospedó en el Lido, famoso balneario del Adriático. En el hotel le indicaron que había un casino en el Palazzo Vendramin- Calergi, lugar donde falleció Richard Wagner.
- Navegó en un vaporetto por canales bordeando mansiones renacentistas hasta el Palazzo construido en 1509. Al entrar, observó salones lujosamente ornamentados de la época más gloriosa de Venecia.
- Pocos jugadores rodeaban una mesa de ruleta y le llamó la atención que los números se anunciaran en francés. Debido a que las apuestas eran demasiado elevadas y que la suerte no lo acompañaba, se aproximó a un juego de bacará. Miró como un hombre acertaba a la banca en tres oportunidades, sus ganancias sumaba el equivalente a ochenta mil dólares. El tallador le preguntó si iba a continuar, el hombre afirmó con la cabeza y apostó todo. El tallador repartió las cartas. Otro participante que jugaba contra la banca descubrió un nueve, el hombre miró sus cartas y las arrojó sobre la mesa. Imperturbable, abandonó el salón de juegos.
- Solía observar, en casinos populares, como fulleros robaban fichas de otro jugador.
- En Montecarlo entró a una sala especial de ruleta donde los participantes jugaban sentados. No permitían curiosos ni tampoco hablar en voz alta. El croupier solicitó las apuestas y dijo:
- --Faites le jeu, messieurs. Rien ne va plus.
- Él se sentó y puso dos fichas al 17.
- -- Le jeu est fait - dijo el croupier.
- La ruleta giró y la bollilla cayó en el solitario 36.
- Los casinos de Estados Unidos permanecían abiertos las veinticuatro horas. En los hoteles todo se centraba en las salas de juego, paso obligado para cualquier actividad.
- En el balneario de Atlantic City los hoteles lujosos tenían salida a la rambla de madera lustrada frente al mar. Mujeres y hombres entraban y emergían de las salas de juego con vasos de papel cargados de monedas.
- Recordó un motel-casino en Nevada donde los jugadores seguían con los pies el ritmo de una banda musical country.
- Se acordó del hormigueo de fuego que sintió en Las Vegas. Una mujer, que jugaba al lado de él, acertó un premio de cien mil dólares con tres monedas. Y de las talladoras, hermosas, sonrientes y aleccionadas para atraer clientes y velar por los intereses del negocio.
- Una noche en Puerto Rico merodeaba entre las mesas de blackjack con sus últimos veinte dólares, sin saber qué hacer. Como en todo casino privado los empleados lo invitaban a apostar. Se decidió por uno y se sentó en su mesa. El empleado espiaba sus cartas y le sugería cuando aumentar la apuesta. Ganó mucho dinero, deducidas las propinas. Fue la única vez que le sucedió algo así en su larga vida de jugador.
- En Estoril quedó maravillado al conocer un complejo muy moderno con casinos, restaurantes, cines y salas de conferencias. Observó, por primera vez, jugadores que formaban largas colas para intentar suerte en máquinas de video póquer.
- Aún recuerda los casinos de: Colonia del Sacramento, Uruguay y el de Puerto Varas, Chile. Únicos lugares en el mundo donde autorizaban entrar a los niños junto a sus padres y se saludaban con los empleados como si fueran familia.
- Al amanecer persistían los jugadores recalcitrantes, resignados a perder o ganar. Después abandonaban las salas de juego con la idea de buscar revancha al día siguiente.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 07:33
La vida tiene matices, no sólo blancos y negros. Como aquélla carta de comidas que miré, en un crepúsculo, antes de elegir las ribbs al caramelo.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 07:19
Aferrada a un cometa sentí que las sombras de las letras saltaban sobre el papel.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 07:15
Escuchaba al poeta mientras comía ribbs al caramelo en un lugar encantado.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 06:51
La ilusión regresa a medida que se acercan las palabras . Es reconfortante ver cómo se encienden otra vez las luces del sueño fantástico.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 06:39
Los ojos entrecerrados permiten que el resplandor de los sueños se cuelen a través de los resquicios de espacios de tiempo.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 05:05
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
sábado, 17 de mayo del 2008 a las 04:58
La luna ignora que es tranquila y clara
y ni siquiera sabe que es la luna;
la arena, que es la arena. No habrá una
cosa que sepa que su forma es rara.
Las piezas de marfil son tan ajenas
al abstracto ajedrez como la mano
que las rige. Quizá el destino humano
de breves dichas y de largas penas
es instrumento de otro. Lo ignoramos;
darle nombre de Dios no nos ayuda.
Vanos también son el temor, la duda
y la trunca plegaria que iniciamos.
¿Qué arco habrá arrojado esta saeta
que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta?