lunes, 10 de marzo del 2008 a las 21:17
- Ella se dio vuelta y se alejó. Él no la miró , sabía que podría flaquear y suplicarle que se quedara con promesas de consuelo. Tenía la certeza de que ella se fundiría en sus brazos musitando palabras de amor, de entusiasmo, de tristeza y lo incitaría a reanudar la vida juntos.
- Decidido, continuó caminando. Al llegar a un recodo del río se arrepintió y volvió la cabeza. Pero ella había desaparecido.
sábado, 08 de marzo del 2008 a las 18:10
Pero esas horas de pausas tienen dulzura cuando uno se vuelve para mirar cómo se perfilan los instantes desvanecidos. Un velo luminoso ciñe con un encanto mágico los recuerdos.
miércoles, 05 de marzo del 2008 a las 18:18
- Los silencios se prolongaron hasta alcanzar el silencio, y la calma se adueñó de vos y de la fragancia de tu jardín.
- Siento un vacío en los pliegues de mi alma como un nudo corredizo que se esconde en mi garganta. Susana nunca te voy a olvidar.
- Liliana
sábado, 01 de marzo del 2008 a las 20:26
- Me gusta estar enamorada. Esto es lo que me sucede, no hago nada en especial para que me ocurra. Siempre fue así.
- Todavía recuerdo la voz de Oscar Pasco mientras mamá planchaba en la cocina. No me despegaba de la radio, concentrada, con una taza de chocolate caliente. Me enamoré y sufrí un amor desesperante. Quise ir a conocerlo a la radio pero ninguna amiga aceptó acompañarme, por eso me enojé con todas. En una pared de mi habitación había pegado sus fotos recortadas de las revistas, por las noches las miraba y me dormía acalorada. A veces le preguntaba cosas a mi mamá. Ella siempre tenía las mismas respuestas: que no pensara en los hombres para no pasar por su mala experiencia y que la angustia sobre el sentido de la vida se hace más llevadera si nos entretenemos. Era y es cómodo creerlo. Mamá tenía una gran capacidad para descartar las preguntas o las informaciones molestas. De esa forma esquivé mi urgencia adolescente, juvenil y madura. A decir verdad, me acostumbré a no salir mucho; además, no me gusta andar sola por la calle, excepto para hacer alguno que otro mandado.
- Cuando en 1950 comenzaron las telenovelas a la hora del té con Joaquín Bernal, no me perdí ninguna, hasta ahora, lástima que mi mamá no vivió para verlas. Desde entonces me las arreglé para subsistir sin demasiados lujos, salvo cambiar el televisor cada tres años. Hice un esquema de mi vida que mantuve hasta ahora.
- A las nueve de la mañana prendo la radio y escucho a ese locutor tan dulce. Siempre habla de los sueños pasados y presentes, cuenta historias, recita poesías con sentido sensual y romántico. Siento que su voz ondula por toda la casa, es tan melodiosa que hasta mis plantas se mueven al escucharlo. Mi respiración se suaviza y quedo como hipnotizada con los ojos clavados en la radio.
- Ni hablar cuando el otro día leyó un poema que decía;
- "Por sobre todas las cosas amo
- tu alma.
- A través del velo de tu carne la veo brillar
- en la oscuridad.
- Me envuelve.
- Me satura.
- Me transforma.
- Me hechiza."
- Llamé a la radio, quería compartir con él ese momento pero el teléfono estaba ocupado. Entonces me cambié para ir personalmente y me pinté los ojos. Cuando estuve lista, y eso que me apuré, su voz ya se despedía del programa.
- A la una, cambio el dial y escucho a otro locutor. Con él, por suerte, pude hablar una vez. Me agradeció el llamado con esa voz tan recia y me pidió opinión sobre el programa. Al escucharlo se me aflojaron las piernas, tuve ganas de decirle que su voz me hacía vibrar hasta enloquecer. Sólo le dije: su programa es muy bueno. Cuando me preguntó mi nombre, le mentí por vergüenza. A éste lo escucho hasta las dos, porque empiezan las novelas.
- Entonces me siento en la cocina frente al televisor y no me despego salvo para prepararme un mate. Apoyo los codos sobre la mesa y sostengo el mate mientras ellos se besan. Los miro, puedo adivinar los gestos que van a hacer. A veces la bombilla queda salada por el llanto y el mate tibio de tanto apretarlo. En las propagandas aprovecho para ir al baño. Los conozco a todos. Cuando me voy a dormir también los tengo en las revistas. Es como si trabajaran para mí sola. Estoy segura. Lo sé, porque siento como si me vieran.
- Ni bien termina la novela, cambio el canal para no perderme el comienzo de la otra. Sigo el hilo de todas, sin confundirme.
- A las cuatro me vuelvo loca ayudando a formar parejas. Me divierto aunque a veces me pone triste que estén tan solos. Me da envidia que se animen a ir. Me gusta verlos sonrientes y maquillados. Yo no me atrevo. Y tiemblo cuando el conductor me mira y me invita a participar. Le digo que no, que por ahora no puedo ir. Y cambio la yerba apurada por ver a mi amor de las cinco.
- En general no me gusta la novela de las seis. Él es ciego, además lo tratan mal. Estoy segura de que si yo lo tuviera en mi casa, mi actitud hacia él sería distinta. Pero igual la veo porque quiero esperar el momento en que recupere la vista.
- A las siete es un aburrimiento. Siempre hay gente leyendo noticias. Entonces aprovecho para ducharme y comer algo. Y plancho. Me gusta repasar todos los días mis camisas y polleras, por las dudas. Y además preparo la cena y el almuerzo para el otro día. Y me tengo que apurar y estar lista a las nueve en punto para sentarme y esperar con una copa de guindado a mi último amor. A éste lo prefiero porque por las noches todo es más romántico. Enamorada, me voy a la cama.
ISBN: 987-554-000-5
jueves, 28 de febrero del 2008 a las 16:54
Los pájaros revolotearon alrededor de la nube rosa, que suspendida, parecía caminar en el aire como si viajara a no se sabe qué lugar, a no se sabe qué altura. La nube se aventuró entre los dedos del viento hasta aquel reino de paz, de la luna y de las estrellas. Encontró tan agradable el lugar que se acomodó y decidió disfrutar de tan grata compañía.
lunes, 25 de febrero del 2008 a las 16:32
Dejé descansar mis inquietudes sobre la copa de la palmera rodeada de mariposas. Pensé que las palmeras son las sílfides de la naturaleza vegetal; graciosas en sus movimientos, amables cuando ofrecen sus frutos y de suave rumor cuando se mecen contra el viento. Y que las mariposas parecen confundirse en el espacio que habitan mientras con revoloteos traslúcidos tintinean en un vuelo fugaz .
sábado, 23 de febrero del 2008 a las 18:58
"Durante la revolución de 1905 en Rusia los obreros de Moscú se declararon en huelga porque los patrones se negaban a incluír en el salario los signos de puntuación"
Henri Troyat
- Agonizaba el propietario del diario más importante de Moscú. Su vida opulenta estaba rodeada de relaciones que lo fastidiaban y aburrían. Era para él muy penoso morir. Ansiaba vivir todavía un poco más.
- Aquél día se presentó un desconocido que entró en la casa disfrazado con un mameluco de tipógrafo.
- El señor Morkoff comprendió de inmediato que era la muerte, Se inquietó al verlo, no obstante le ofreció una silla para que se sentara a su lado.
- -- Hola, soy la muerte.
- -- Yo me lo figuraba a usted de otro modo- le dijo Morkoff.
- --¡ Dese por muerto!- dijo la muerte.
- --Estoy vivo todavía- contestó indignado.
- -- No diga tonterías, éste es un asunto serio y tiene que tomar una decisión - dijo la muerte en tono de reproche.
- --¿ Qué decisión?
- -- Tiene dos caminos para elegir, pasar al reposo absoluto o a una vida divertida en el otro mundo.
- -- ¿ Qué me recomendaría usted? - preguntó Morkoff.
- -- No soy amiga de dar consejos.
- --¿ Y si elijo una vida alegre?
- -- Tiene que cumplir un requisito.
- --¿ Cuál es?
- -- Sus empleados exigen que los signos de puntuación sean contados como letras en el cálculo del salario.
- -- ¿ Y a usted qué le importan los tipógrafos?
- -- Se me ha recomendado que no conteste sus preguntas. ¿ Cumplirá con lo exigido?
- -- No, no quiero, perdería mucho dinero- contestó Morkoff.
- La muerte se puso de mal humor y se levantó para irse.
- -- Apúrese en decidir, porque se le está deteniendo la sangre en las venas.
- Morkoff reflexionó: " si elijo la muerte definitiva estaría solo como siempre lo estuve. Prefiero divertirme." Miró a la muerte y le preguntó;
- --¿ Qué le parece que me convendría elegir?
- --Basta, ya estoy harto de sus preguntas, decídase.
- --Prefiero entretenerme, que se arruinen mis familiares- dijo Morkoff.
- --Muy bien, firme este papel para que sus obreros levanten la huelga.
- Morkoff pensó un instante, suspiró y firmó.
- Poco después se procedía al entierro del señor Morkoff. La tierra caía sobre la tapa del ataúd. Tan sonoro era aquel ruido que sus parientes pensaron que el cajón estaba vacío.
ISBN:987-554-000-5
viernes, 22 de febrero del 2008 a las 21:32
La luna dejaba ver la claridad cautiva de la noche. Ella no pudo escaparse de aquel embrujo que desquició para siempre sus ordenados pensamientos. Porque el hombre le dio un beso tan dulce que alejó su pena. Entonces ella pensó que hay cosas en la vida que son como la lava, algo que nos alcanza más pronto de lo que imaginamos, algo que nos toca a pesar de todo el esfuerzo que dediquemos a tratar de evitarlo.