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En la villa del Lago ( Cuento )

lunes, 07 de abril del 2008 a las 19:54
  •      Siempre existe un único momento decisivo cuando, si se sigue adelante, uno puede alterar su propio destino. Si hubiera elegido girar a la izquierda en vez de a la derecha o incluso mantener la dirección, todo habría resultado diferente. Si hubiese adivinado adónde me conducía, sin duda habría tomado otro rumbo o, en la ausencia de esa alternativa, hubiese asumido otra actitud.
  •     Después de manejar todo el día, consulté el mapa, y cómo todavía faltaban muchos kilómetros hasta llegar a mi destino, busqué un lugar donde pasar la noche. Un cartel en la ruta anunciaba que se alquilaban cabañas, bajé del auto para averiguar en una casa pintada de amarillo. Estaba rodeada por un jardín florecido, los verdes y colores intensos indicaban que el invierno se había ido con sus grises y cortos tiempos. Una mujer anotó mis datos y me acompañó a una cabaña cerca de un río.
  •     El sol, bajo, brillaba entre los árboles formando líneas de sombras en el bosque. La mujer me abrió la cabaña y se volvió caminando. Yo descargué lo necesario para pasar la noche y me acerqué al río a escuchar el murmullo fresco del agua, continuo, sosegante. Sentí frío, la caminata y el cansancio del viaje acrecentaron el dolor en mis piernas.
  •     Cuando la luz desapareció por completo, me dejé caer en la cama con el cuerpo pesado, tuve la impresión de ser un mueble en la oscuridad. Me dormí con los sonidos continuos e inidentificables del bosque y el bullir de los insectos contra el mosquitero de las ventanas.
  •     Desperté con los primeros rayos del sol y como el sueño había sido tan placentero, renuncié a la idea de continuar viaje. Salí para comprar comida en un almacén que había visto en el camino. Era un rectángulo liso de madera con una ventana que hacía de mostrador. Una mujer morocha con jeans azules, blusa y zapatillas blancas estaba de pie junto a una camioneta roja protegiéndose los ojos del sol con una mano, y agitando la otra como si estuviera señalando al hombre que caminaba hacia ella. Dejó de agitar la mano y se la llevó a la cintura, pero mantuvo los ojos protegidos con la otra.
  •      No pude escuchar qué hablaban, al notar mi presencia el hombre entró en el almacén. Al pedirle pan, me dijo que su esposa Jacinta me iba a acompañar a buscarlo en la casa. Yo hubiera jurado que eran hermanos.
  •     Entramos a la cocina, Jacinta me envolvió un pan, yo le miré las manos parecían de marfil, tan distintas a las mías. Al salir y mirarla de cerca me sorprendió la frescura de su cara. Nos despedimos y me invitó a que volviera por la tarde a tomar café, el hombre estaba fuera del almacén, sentado sobre un barril de vino, saboreando un cigarrillo.
  •     Volví al río. Me senté sobre una piedra y miré para ver si alguien me observaba. Sólo los pájaros que revoloteaban entre los árboles. Entonces me desnudé, mis piernas estaban blancas y las várices hinchadas. Sin pensarlo mucho me zambullí en el río helado. Cómo la corriente me empujaba, me agarré firmemente a un tronco para poder salir.
  •      Corrí a la cabaña y sólo después de un baño caliente empecé a recuperar la sensibilidad.
  •     Antes de ir a lo de Jacinta recorrí la Villa. Noté que las casas, la comisaría, la escuela y la capilla estaban pintadas de amarillo maíz. No vi chicos, sólo algunos hombres y mujeres vestidos con jeans azules, camisas y zapatillas blancas charlando en una esquina.
  •     Los hombres tenían las manos hundidas en los bolsillos, el pelo joven y las miradas brillantes, las mujeres se calentaban al sol con una expresión de placidez.
  •     Me detuve desconcertada. Parecía que alguien hubiera armado una maqueta, la hubiese coloreado y puesto a secar. Me saludaron con una sonrisa.
  •     En la casa de Jacinta conocí a sus padres. Vestían otra ropa detenida en los sesenta provincianos. Las arrugas y los surcos parecían congelados, justo a tiempo antes de precipitarse en la vejez. Acepté un café.
  •     Supe que en algún momento había ocurrido algo así como un episodio fantástico pero, no me atreví a preguntarles. Cuánto más pensaba en que parecían duplicados más asombrada me sentía, así que decidí volverme a la cabaña.
  •     Las últimas luces del día caían sobre los árboles, había sido el día más extraño de mi vida.
  •      Desperté en medio de la noche, sobresaltada, al escuchar una campana, una luz que duró unos segundos iluminó la cabaña, supuse que serían los faros de algún auto que había pasado cerca.
  •     A la mañana siguiente, al mirarme al espejo, me sorprendí por el color rosado de mi piel, mi pelo había vuelto al castaño de mi juventud. Me miré las manos. Ahora eran como la de todos ellos. Como si quisiera darme una última oportunidad, nuevamente, me enfrenté con el espejo. Confundida, corrí como no lo había hecho en años a preguntarle a Jacinta.
  •     Ella amasaba pan, se había peinado con trenzas que llevaba sujetas en la nuca formando un halo en torno a su cabeza. Al verme, se acercó y sonrió satisfecha.
  •      Procuré dominar mis nervios. Me preguntó si estaba contenta, me explicó que lo único que tenía que hacer era quedarme en la Villa para siempre.
  •     Por unos momentos, pensé con agrado en mi futuro inmediato; vivir plácidamente en este lugar de ocio y juventud. Yo anhelaba vencer los embates del tiempo.
  •     La miré, vi una sonrisa como dibujada por un pintor experto, el pelo parecía copiado de una estampa antigua.
  •     En un minuto se me vinieron encima, como una avalancha, las tragedias que habían compuesto mi vida en los últimos años. Fuera de ese lugar me esperaban las desventuras de amores imposibles. Pensé en todo lo que tenía y aunque fuera doloroso, elegí eso.
  •     Me despedí de Jacinta.
  •     Una hora después de abandonar la Villa, mis manos sobre el volante volvieron a estar manchadas.

ISBN: 987-554-000-5

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Comentarios

luis luis

jamas una mano estaria manchada

porque el solo hecho de una caricia

enamorada

le labaria esa mancha que creia la tenia

en una cicatriz en su corazon

ya tan curtido

de soñar en esos

desafios del saberse

querida

                   LOKI....

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Sobre esta anotación

LilianaArendar

LilianaArendar escribió esta anotación hace 6 meses. En ella habla sobre Del Libro: Dos Boletos Para El Autobús.

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